LA DEUDA

fotografo: Samir Ortiz Altamiranda

Le adeudas a mi infancia
El beso a la hora de dormir
El final del cuento de Hansel y Gretel
El barrilete que íbamos a elevar
Nuca lo vi volar junto a las golondrinas
Bajo el sol en el atardecer

Le adeudas a mis horas de infancia
La muñeca que baila y canta
La caricia que consuela
La pérdida de un examen de ciencias

Cuando te fuiste,
La música se fue detrás de ti
Acariciaba tu sombra,
Te cantaba en susurros mi nombre
Y yo quedé en silencio…

La niña que fui te esperó
Con una bolsa de tela
Repleta de caracuchas y piedras de mar
Para el repaso de las tablas de multiplicar

Te esperó
Para ir al circo, a cine y a Samaria
Pero solo llegó tu ausencia
y la arrulló en la mecedora

Se hizo dos trenzas,
Para no envejecer de espera
Se pintó una sonrisa de colores
Y se enamoró de la poesía
Era feliz soñándote en cada verso
 
Autor: Irene Tapias C. 

LA CALLE



La calle es un sitio solitario. 
No hay transeúntes, sólo sombras
que tropiezan entre sí.

Sombras, seres alienados,
miembros ad honorem del club de consumidores.
Sombras, desvanecidas,
 en el ajetreo cotidiano de dolores vernáculos,
Regalando al prójimo desmigajados gestos de humanidad
Si el afán lo permite

Sombras temerosas, desconfiadas unas de otras,
Compartiendo el mismo espacio, el mismo tiempo
La misma huella, el mismo cielo
El mismo sol, la misma lluvia.
Eslabones de una misma cadena
Y al fin sombras humanas; nada más...

Autor: Irene Tapias





EN LAS CLARABOYAS DE LUNA NEGRA



Para Antonio María Cardona,
 amigo y compañero de eternas horas robadas para la poesía

Entrada de Luna Negra. / Fotografo(a) Irene Tapias

Somos, Antonio, viajeros
esperando un autobús que no llega
Mientras pasan las horas de la madrugada,
vuelve a leerme un cuento
Ese que evoca a Gabo y los amores incestuosos

Pero, no me compares con Chereczada,
Sólo soy una niña que sueña
En el vientre de mi madre inventaba historias
Para escaparme de la muerte.

Cuando el frío arrecia y la ventisca es fuerte,
sólo en un abrazo podemos guarecernos
Soy la niña que te recibe en un abrazo
La risa que se cuela por las claraboyas de tu casa

Quiero refugiarme en tu luna negra
Porque hasta allí mi soledad no llega
Desde la hamaca verde veré
Cómo la poesía y la naturaleza se vuelven magia
Siéntate a mi lado y mese la hamaca
Arrúllame con un cuento
que hable de mar y de ballenas
Yo, desde mi onírica realidad
alegraré tus horas con mis versos

Y si me voy, dejaré colgadas en cada árbol
Como guirnaldas las palabras de este poema
Entre las páginas de tus libros
los pétalos de mis girasoles rotos
Y en el aire mi olor de canela
En otro sueño estarán mis pasos
tropezándose con la vida