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EN LA VIDA DE UNA MUJER

 


 En la vida de una mujer hay instantes
 donde la melancolía llena los espacios vacíos
 de anhelos desperdigados en intentos fallidos.
 Hay días en los que una mujer no sabe de dónde es.
 Días en los que hasta la esperanza tiene un matiz
                                                                                                             grisáceo.
 y es difícil ser foránea hasta en su cuerpo.

 Para una mujer en ocasiones trasegar es más doloroso,
 pero no hay dispensa para el descanso,
aunque no exista un sol brillando en lo alto.
Aunque las nubes cubran el cielo
la neblina tache el sendero,
 y las espinas hieran los pies.

 A una mujer las lágrimas le saben a tristeza amarga
 y a veces también saben a miel.
 Huelen a cristal de sábila
 y a veces tienen un delicioso olor a rosa.
 
 A veces las lágrimas de una mujer
 simbolizan miedo, soledad o ansias de…
 y otras tantas veces las lágrimas son pregones
 de dolores furtivos guardados en el alma.
  

                                        Autor: Irene Tapias
Libro: Poemas al vacío - Editorial UPB



VERBO DEL ALMA

 

                                                                                       

                                                                                                      Ponme como un sello sobre tu corazón
                                                                                                            ¡Como una marca sobre tu brazo! 
                                                                                                       Porque fuerte es como la muerte el amor (Ct 8, 6)

 

He aquí esta cazuela de palabras
Palabras que cayeron del cielo,
Cenizas de algún cometa de otra galaxia
Quemado por un sol de la vía láctea
Pendían en las pestañas de la luna,
Me adueñé de ellas para ti.
Pero pueden fugarse…
Dejar yerma la blanca yema de mis dedos
 Y espolvorearse en parajes desérticos de la memoria
 Ahí donde yacen ilusiones jamás realizadas
 Sí, el lenguaje es finito
 Los fonemas se extinguen
A la hora de expresar el amor
Porque amar es solo un verbo del alma uso restringido


Autor: Irene Tapias

Libro Poemas al vacío -  Editorial UPB - 2019. 

 



EL RELOJERO

Dedicado a Alejandro Sandoval, el relojero de mi barrio

Alejandro Sandoval, el relojero de mi barrio


El viejo relojero

llega muy temprano a esa calle del barrio

a curar las heridas de cronos

trae en las manos una sombrilla y la abre contra el sol

Se toma a sorbos un tinto que le ofrece la vecina

conversa, sabe tantas cosas

analiza, sintetiza y conceptúa con la agilidad que desarma el tiempo

 

El viejo relojero en esa misma calle

Se ha cambiado de acera varias veces en tres décadas

Nos mira a través de su lupa

ha visto crecer los niños del barrio

y desde su butaca le ha dicho adiós a las carrozas fúnebres 

que llevan los cuerpos de los vecinos muertos.

 

Los callejones del barrio cada vez están más solos

pero el relojero sigue allí

Tiene la barba blanca de tanto tejer telarañas en la pared despintada

 

En la tarde se va a su casa

 pero deja un sueño despierto

en las manecillas de sus relojes

y un par de historias amarradas a las raíces del olivo

En la noche le roba pedazos a la luna

para armar rompecabezas en una habitación oscura

hasta que el sol vuelva a alumbrar.

 

 

Autor:  Irene Tapias

Montería, Marzo 27 de 2019

 


A OJOS CERRADOS

Este es un retrato de mi rostro. By Irene Tapias


Solo con los ojos cerrados
puede una mirarse en el espejo de cronos,
mirarse hacia adentro,
 Descifrar los códigos de un mensaje escondido en el corazón
Hacer un inventario de las cicatrices,
Recontar los pasos, incluso aquellos que una vez dimos en falso.
Para hallarse, a una le toca cerrar los ojos, mirarse hacia dentro
Observar las huellas y ponerle un gps a los cariños perdidos
Dibujar el tiempo con los granos de un reloj de arena.
Rebuscar en viejos archivos las palabras que salieron sin pensar
y las que se meditaron
Colgarse las lágrimas como un dije en el pecho sangrante,
Escucharse la risa como el cantar de una guacharaca.
Con los ojos cerrados puede una desatar los nudos
de cada lazo amarrado a los pies
Con los ojos cerrados puede una evitar eclipsarse
con el destello del rayo que cae sobre el viejo camajón
y lo parte desde la copa hasta la raíz más profunda
Autor:  Irene Tapias
11 de julio de 2019


LA DEUDA

fotografo: Samir Ortiz Altamiranda

Le adeudas a mi infancia
El beso a la hora de dormir
El final del cuento de Hansel y Gretel
El barrilete que íbamos a elevar
Nuca lo vi volar junto a las golondrinas
Bajo el sol en el atardecer

Le adeudas a mis horas de infancia
La muñeca que baila y canta
La caricia que consuela
La pérdida de un examen de ciencias

Cuando te fuiste,
La música se fue detrás de ti
Acariciaba tu sombra,
Te cantaba en susurros mi nombre
Y yo quedé en silencio…

La niña que fui te esperó
Con una bolsa de tela
Repleta de caracuchas y piedras de mar
Para el repaso de las tablas de multiplicar

Te esperó
Para ir al circo, a cine y a Samaria
Pero solo llegó tu ausencia
y la arrulló en la mecedora

Se hizo dos trenzas,
Para no envejecer de espera
Se pintó una sonrisa de colores
Y se enamoró de la poesía
Era feliz soñándote en cada verso
 
Autor: Irene Tapias C. 

EN LAS CLARABOYAS DE LUNA NEGRA



Para Antonio María Cardona,
 amigo y compañero de eternas horas robadas para la poesía

Entrada de Luna Negra. / Fotografo(a) Irene Tapias

Somos, Antonio, viajeros
esperando un autobús que no llega
Mientras pasan las horas de la madrugada,
vuelve a leerme un cuento
Ese que evoca a Gabo y los amores incestuosos

Pero, no me compares con Chereczada,
Sólo soy una niña que sueña
En el vientre de mi madre inventaba historias
Para escaparme de la muerte.

Cuando el frío arrecia y la ventisca es fuerte,
sólo en un abrazo podemos guarecernos
Soy la niña que te recibe en un abrazo
La risa que se cuela por las claraboyas de tu casa

Quiero refugiarme en tu luna negra
Porque hasta allí mi soledad no llega
Desde la hamaca verde veré
Cómo la poesía y la naturaleza se vuelven magia
Siéntate a mi lado y mese la hamaca
Arrúllame con un cuento
que hable de mar y de ballenas
Yo, desde mi onírica realidad
alegraré tus horas con mis versos

Y si me voy, dejaré colgadas en cada árbol
Como guirnaldas las palabras de este poema
Entre las páginas de tus libros
los pétalos de mis girasoles rotos
Y en el aire mi olor de canela
En otro sueño estarán mis pasos
tropezándose con la vida