Siempre es posible reiniciar la escritura,
aunque la huella del carboncillo
quede en altorrelieve en el papel.
Ni siquiera el mar en su monotonía.
Ni siquiera el sol con su bochorno.
Y en su cobarde escapada, al anochecer
cuando taciturno se esconde
tras el velo del mar en la línea del horizonte.
que me acaricia desprevenida,
No es igual mi pueblo,
en sus calles polvorientas corre la tristeza
y la incertidumbre disfrazada de esperanza.
No son iguales los juegos
no es igual el Sinú,
solo el silencio enmarca quimeras,
quimeras que un día fueron anhelos,
ahora solo queda
una plegaria, una ofrenda.
borrando lo que escribimos a lápiz.
Siempre es posible reiniciar la escritura,
aunque la huella del carboncillo
quede en altorrelieve en el papel.
Ni siquiera el mar en su monotonía.
Ni siquiera el sol con su bochorno.
Y en su cobarde escapada, al anochecer
cuando taciturno se esconde
tras el velo del mar en la línea del horizonte.
que me acaricia desprevenida,
No es igual mi pueblo,
en sus calles polvorientas corre la tristeza
y la incertidumbre disfrazada de esperanza.
No son iguales los juegos
no es igual el Sinú,
solo el silencio enmarca quimeras,
quimeras que un día fueron anhelos,
ahora solo queda
una plegaria, una ofrenda.
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